El recipiente o copa donde se bebe vino es tan importante como el vino mismo. Puede engrandecer o destruir un vino.

Me acuerdo perfectamente que hasta hace 3 años atrás, me cargaba el Carménère. Lo encontraba sonzo, sin cuerpo, sin muchos sabores, bastante plano.

Sin embargo, en una degustación, alguien me dijo “Prueba este vino…” y me pasa una copa gigante, bella, con 1/3 de vino de color rubí profundo servido.

Lo olí y me pareció lleno de aromas distintos, había mucho que descubrir. Pero al probarlo, me encontré con un vino con mucha personalidad, carácter, estructura, sabores y cuento.

Era un Carménère de Colchagua. Hasta ese día, yo había estado tomando vino en lo que encontrara, copas pequeñas, vaso corto, hasta frascos en alguna fiesta. Y ahí aprendí que el secreto está en la copa. Hay casi tantas copas como variedades de vinos. Para Pinot, para Chardonnay con barrica, para Syrah, para Cabernet Sauvignon. Y me pregunté «Cuántas veces habré bebido un muy buen vino, pero al hacerlo en un recipiente poco adecuado me resultó malo??»

Mi recomendación es que si te gusta una variedad en específico, compras una o dos copas especialmente para esa variedad. Lo vas a disfrutar el triple!

Si no me cree haga el experimento en su casa. Vierta el mismo vino en dos copas de diferente tamaño. Procure que sean realmente diferentes en tamaño y forma. Por ejemplo un copón grande para tinto y una copa flauta de espumante, o un vaso corto y delgado. Luego, pruebe primero de la copa pequeña, y luego de la copa grande.

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Copas: El tamaño si importa.

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